1. Dios ha dotado a la voluntad del hombre de una
libertad natural y un poder para actuar a base de decisión propia,
que no es forzada ni obligada a hacer bien o mal, por ninguna
necesidad de la naturaleza.(a)
(a) Stg.1:14
2. El hombre en su estado de inocencia, tenía
libertad y poder para querer y hacer lo que era bueno
y agradable a Dios,(b) pero era mutable y podía caer
de dicho estado.(c)
(b) Ec. 7:29
(c) Gn. 3:6
3. El hombre, por su caída a un
estado de pecado, perdió completamente toda capacidad
para querer algún bien espiritual que acompañe a la
salvación.(d) Así es que como hombre natural que está
enteramente opuesto a ese bien y muerto en el pecado(e)
no puede por su propia fuerza convertirse a sí mismo
o prepararse para ello.(f)
(d) Rom. 5:6, 8:7
(e) Ef.2:1,5; Tit. 3:3-5
(f) Jn. 6:44
4. Cuando Dios convierte a un pecador y le pone
en el estado de gracia, le libra de su estado de servidumbre
natural bajo el pecado,(g) y por su gracia solamente
lo capacita para querer y obrar libremente lo que
es bueno en lo espiritual;(h) sin embargo, por razón
de la corrupción que aún queda, el converso no quiere
ni perfecta ni únicamente lo que es bueno, sino también
lo que es malo.(i)
(g) Col. 1:13; Jn. 8:36
(h) Fil. 2:13
(i) Rom. 7:15,18,19,21,23
5. El libre albedrío del
hombre será perfecto y inmutablemente libre para querer
tan sólo lo que es bueno, únicamente en el estado
de la gloria.(j)
(j) Ef. 4:13